A pie de calle
La ciudad que aprendemos a compartir
Las decisiones cotidianas dibujan el lugar en el que queremos encontrarnos.

Una ciudad no se decide solo en los plenos. Se decide en la acera que se ensancha, en el banco que alguien coloca a la sombra, en el horario del autobús que conecta un barrio con el resto.
Recorrer las calles después de la lluvia enseña mucho: dónde se acumula el agua, qué portales no tienen rampa, qué plazas se vacían en cuanto oscurece. Son detalles pequeños que, sumados, explican quién se siente invitado a quedarse.
Lo común, en pequeño
Las políticas urbanas suelen contarse en grandes cifras. Pero la convivencia se juega a escala de portal. Por eso en esta sección vamos a mirar la ciudad a la altura de quien la camina: vecinas, comerciantes, conductores, niños que van solos al colegio por primera vez.
Compartir la ciudad no es una consigna. Es un aprendizaje diario, con conflictos y acuerdos, que merece ser contado con calma.

